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"CÓMO PUNTUAR BIEN EN LOS MENSAJES, ADEMÁS DE UTILIZAR EMOJIS" de Andrea Vilallonga

 Vamos a ver un vídeo del periódico La Vanguardia  en el que se nos explica cómo puntuar bien un mensaje para que no se produzcan equívocos. Mientras vemos el vídeo, elegiremos cuál es la opción correcta (A o B) para completar la información.

 La experta en comunicación e imagen, Andrea Vilallonga, comparte estos consejos para saber cómo utilizar bien los signos de puntuación en tus mensajes de texto. “Puede dar a entender un mensaje distinto de lo que queremos”, así que está en nuestras manos escribir bien el contenido y usar correctamente la emoción.





1.La emoción que queremos transmitir en el mensaje está:

a) en el contenido.
b) en la puntuación.

2. Si escribes en mayúscula todo el mensaje, 

a) me gritas todo el tiempo.
b) me gritas al principio para llamar la atención. 

3. Los puntos suspensivos pueden significar:

a) que quieres que el interlocutor continúe la conversación.
b) que te crees todo lo que te están diciendo. 

4. Si pones muchos signos de interrogación,

a) quieres que te respondan enseguida.
b) no te crees lo que te están diciendo.

5. El punto final indica:

a) que no tienes ganas de hablar y te despides.
b) que la decisión que has tomando  no va a cambiar.

6. Los emoticonos:

a) transmiten una emoción.
b) pueden representar cualquier palabra sin problemas. 



SOLUCIONES:
1.B,2.A, 3.A, 4.B, 5.B, 6.A



Gracias, Cati. 😊

LOS DIMINUTIVOS


Completa este artículo de El País sobre el diminutivo con las palabras que hemos extraído y que tienes antes de cada fragmento.


           “UNA COSITA QUE REVELA TU ORIGEN"                   de Lola Pons Rodríguez


  • SÍ, AL, A, EL QUE, A TRAVÉS DE, DONDE (x2),  LA, EL, DE

 Más allá de que tu carné de identidad muestre el lugar de _________ vienes y el sitio ________vives, tu forma de hablar puede revelar muchos datos ________tu procedencia, y no solo __________la forma de pronunciar o la entonación: hay otros indicios que pueden descubrirte como oriundo de una zona concreta de la superficie hispanohablante. Una pista inequívoca ________ofrecen los diminutivos, esas cositas  que se añaden ________ las palabras para cambiar significados y añadir connotaciones. Hay muchos disponibles en español: ________más común es –ito/–ita (casita, llavecita), también ________ menos muestra de dónde eres; pero con él conviven muchos otros que _______son claros signos de pertenencia ________habla de una zona específica.


  •  TENGAS, COMO, A,  ESTARÍAS, LOS,  HASTA, LA, TE, LO, SEAS

 La primera pista ________ da la mera elección de qué sufijo utilizamos: con una frase como “el niñuco de Carmen va a nacer en febrero” ________estás mostrando como proveniente de Cantabria, más conocida ________“La Tierruca”. Si dices que “el muchachino de Carmen se llamará Mateo”, entonces, querido lector, eres occidental, como________ es el sufijo –ín(o)/-ina: asturiano, leonés, extremeño o de la preciosa sierra de Huelva. Si le mandas “besiños” al bebé recién nacido, probablemente ________de Galicia y ________este diminutivo por influencia de tu lengua gallega. Si dijeras que es un crío “muy bonico”, ________revelándote como usuario del diminutivo en –ico que usan los hablantes de las áreas andina, caribeña y centroamericana o, en el español de España, ________ de la zona este (Aragón, La Mancha, zona oriental andaluza, si eres de Murcia incluso con -iquio...). Si afirmas que es un “chiquillo” muy guapo y que sale ________su madre, estás empleando el sufijo –illo, el más general en el español ________el siglo XVIII pero que hoy solo conserva cierta vitalidad en el español de Andalucía.


  • LA QUE, AUNQUE, QUÉ, SE (x2), SINO TAMBIÉN, PARA, QUE, CÓMO, ENTRE

 Sí: por el humo de los diminutivos ________sabe de dónde es el fuego. Y no solo por los propios diminutivos, ____________por la forma de construir con ellos: otra pista está  en ________ tipo de palabras escogemos ________colocar delante de un diminutivo. ________“despacito” se diga (y se cante) a ambos lados del Atlántico, en el español americano ________ponen diminutivos en muchos más adverbios ________en el español de Europa, desde el famoso “ahorita” hasta “despuesito”. Y una tercera pista está en ________juntamos a la palabra con el diminutivo, si directamente o no. Estas terminaciones se pueden añadir directamente a la palabra a ________complementan (mesita) o utilizar una especie de puente de enlace ________la palabra y el diminutivo, por ejemplo, ponerle al pie un enlace (técnicamente se llama interfijo) y decir “pie-cec-ito”. Pues bien, es común que el español de España emplee más esos enlaces que el americano. Los viejecitos de España son viejitos en América y las fiestitas de México son fiestecitas en España. (…)


  • DESDE, ESCONDE, ESCARNIO, AMINORAR, CHICA, HABITAN

 ¿Para qué usamos estos diminutivos? Se supone que para achicar o _______una realidad: una escuelita es más pequeña que una escuela, y su puertecita será más ________ que una mera puerta; también pueden intensificar: estar solito ________más soledad y tristeza que meramente estar solo. Pero lo cierto es que junto con esa interpretación de tamaño o intensidad ________muchas otras que van________ la atenuación más bienintencionada y pía al ________más vil.


  • EMPÁTICAMENTE, DEPENDE DEL, SE, ALGO, EL QUE, SIN, SINO

 Y todo, como casi siempre en las lenguas, ____________contexto. Contestar a la pregunta de un turista diciendo que ________está “lejillos” no acerca el lugar por _______te preguntan (que está donde el diablo perdió el poncho), pero te aproxima ________al visitante; afirmar que tu pareja tras las navidades ________ha puesto gordito, y no gordo, no es tampoco cuestión de volumetría, ________de atenuación: él ha comido los mismos kilos de mantecados con o ________diminutivo.


  • SINO, EN FIN, NINGUNEAR, CON, LA,  LE

Esto tiene también un reverso oscuro, y es el del diminutivo que insulta o veja: es ________a nuestra jefa llamarla jefecilla y no tienes mucha fe en nuestro éxito en Eurovisión si dices que España concursa ________ una cancioncilla. Los diminutivos, ________, no siempre hablan de magnitudes, y muy frecuentemente poner________ una de estas terminaciones a una palabra no ________empequeñece en tamaño ________en relevancia.


  • A (x2), DE, QUIEN, SE, POR, CÓMO

 Un carro se pone al paso de don Quijote; ________lo conduce pide al héroe que ________aparte del camino y avisa al ________la Mancha de que porta en el carro dos bravos leones enjaulados, voraces ________no haber comido. ¡Mejor apartarse que provocar a los animales! Responde don Quijote: “¿Leoncitos ________mí? ¿________mí leoncitos, y a tales horas?”. El leoncito da la pista definitiva de __________es el más simbólico y machadiano de los españolitos: inconsciente, valentón y agudísimo al hablar. No, por supuesto que no: manejar los diminutivos no es cosa chica.


¡Es solo una ilustración, no un mapa exhaustivo!
FUENTE DEL ARTÍCULO (adaptado) Y LA IMAGEN: https://verne.elpais.com/verne/2018/01/30/articulo/1517326334_976812.html
SOLUCIONES

 Más allá de que tu carné de identidad muestre el lugar de donde vienes y el sitio donde vives, tu forma de hablar puede revelar muchos datos de tu procedencia, y no solo a través de la forma de pronunciar o la entonación: hay otros indicios que pueden descubrirte como oriundo de una zona concreta de la superficie hispanohablante. Una pista inequívoca la ofrecen los diminutivos, esas cositas que se añaden a las palabras para cambiar significados y añadir connotaciones. Hay muchos disponibles en español: el más común es –ito/–ita (casita, llavecita), también el que menos muestra de dónde eres; pero con él conviven muchos otros que sí son claros signos de pertenencia al habla de una zona específica.
La primera pista la da la mera elección de qué sufijo utilizamos: con una frase como “el niñuco de Carmen va a nacer en febrero” te estás mostrando como proveniente de Cantabria, más conocida como “La Tierruca”. Si dices que “el muchachino de Carmen se llamará Mateo”, entonces, querido lector, eres occidental, como lo es el sufijo –ín(o)/-ina: asturiano, leonés, extremeño o de la preciosa sierra de Huelva. Si le mandas “besiños” al bebé recién nacido, probablemente seas de Galicia y tengas este diminutivo por influencia de tu lengua gallega. Si dijeras que es un crío “muy bonico”, estarías revelándote como usuario del diminutivo en –ico que usan los hablantes de las áreas andina, caribeña y centroamericana o, en el español de España, los de la zona este (Aragón, La Mancha, zona oriental andaluza, si eres de Murcia incluso con -iquio...). Si afirmas que es un “chiquillo” muy guapo y que sale a su madre, estás empleando el sufijo –illo, el más general en el español hasta el siglo XVIII pero que hoy solo conserva cierta vitalidad en el español de Andalucía.
Sí: por el humo de los diminutivos se sabe de dónde es el fuego. Y no solo por los propios diminutivos, sino también por la forma de construir con ellos: otra pista está en qué tipo de palabras escogemos para colocar delante de un diminutivo. Aunque “despacito” se diga (y se cante) a ambos lados del Atlántico, en el español americano se ponen diminutivos en muchos más adverbios que en el español de Europa, desde el famoso “ahorita” hasta “despuesito”. Y una tercera pista está en cómo juntamos a la palabra con el diminutivo, si directamente o no. Estas terminaciones se pueden añadir directamente a la palabra a la que complementan (mesita) o utilizar una especie de puente de enlace entre la palabra y el diminutivo, por ejemplo, ponerle al pie un enlace (técnicamente se llama interfijo) y decir “pie-cec-ito”. Pues bien, es común que el español de España emplee más esos enlaces que el americano. Los viejecitos de España son viejitos en América y las fiestitas de México son fiestecitas en España. (…) ¿Para qué usamos estos diminutivos? Se supone que para achicar o aminorar una realidad: una escuelita es más pequeña que una escuela, y su puertecita será más chica que una mera puerta; también pueden intensificar: estar solito esconde más soledad y tristeza que meramente estar solo. Pero lo cierto es que junto con esa interpretación de tamaño o intensidad habitan muchas otras que van desde la atenuación más bienintencionada y pía al escarnio más vil.
Y todo, como casi siempre en las lenguas, depende del contexto. Contestar a la pregunta de un turista diciendo que algo está “lejillos” no acerca el lugar por el que te preguntan (que está donde el diablo perdió el poncho), pero te aproxima empáticamente al visitante; afirmar que tu pareja tras las navidades se ha puesto gordito, y no gordo, no es tampoco cuestión de volumetría, sino de atenuación: él ha comido los mismos kilos de mantecados con o sin diminutivo.  Esto tiene también un reverso oscuro, y es el del diminutivo que insulta o veja: es ningunear a nuestra jefa llamarla jefecilla y no tienes mucha fe en nuestro éxito en Eurovisión si dices que España concursa con una cancioncilla. Los diminutivos, en fin, no siempre hablan de magnitudes, y muy frecuentemente ponerle una de estas terminaciones a una palabra no la empequeñece en tamaño sino en relevancia.
  Un carro se pone al paso de don Quijote; quien lo conduce pide al héroe que se aparte del camino y avisa al de la Mancha de que porta en el carro dos bravos leones enjaulados, voraces por no haber comido. ¡Mejor apartarse que provocar a los animales! Responde don Quijote: “¿Leoncitos a mí? ¿A mí leoncitos, y a tales horas?”. El leoncito da la pista definitiva de cómo es el más simbólico y machadiano de los españolitos: inconsciente, valentón y agudísimo al hablar. No, por supuesto que no: manejar los diminutivos no es cosa chica.




Más allá de que tu carné de identidad muestre el lugar de donde vienes y el sitio donde vives, tu forma de hablar puede revelar muchos datos de tu procedencia, y no solo a través de la forma de pronunciar o la entonación: hay otros indicios que pueden descubrirte como oriundo de una zona concreta de la superficie hispanohablante. Una pista inequívoca la ofrecen los diminutivos, esas cositas (en gramática, sufijos) que se añaden a las palabras para cambiar significados y añadir connotaciones. Hay muchos disponibles en español: el más común es –ito/–ita (casita, llavecita), también el que menos marca; pero con él conviven muchos otros que sí son claros signos de pertenencia al habla de una zona específica.
La primera pista la da la mera elección de qué sufijo utilizamos: con una frase como “el niñuco de Carmen va a nacer en febrero” te estás mostrando como proveniente de Cantabria, más conocida como “La Tierruca”. Si dices que “el muchachino de Carmen se llamará Mateo”, entonces, querido lector, eres occidental, como lo es el sufijo –ín(o)/-ina: asturiano, leonés, extremeño o de la preciosa sierra de Huelva. Si le mandas “besiños” al bebé recién nacido, probablemente seas de Galicia y tengas este diminutivo por influencia de tu lengua gallega. Si dices que es un crío “muy bonico”, estarías revelándote como usuario del diminutivo en –ico que usan los hablantes de las áreas andina, caribeña y centroamericana o, en el español de España, los de la zona este (Aragón, La Mancha, zona oriental andaluza, si eres de Murcia incluso con -iquio...). Si afirmas que es un “chiquillo” muy guapo y que sale a su madre, estás empleando el sufijo –illo, el más general en el español hasta el siglo XVIII pero que hoy solo conserva cierta vitalidad en el español de Andalucía.
Sí: por el humo de los diminutivos se sabe de dónde es el fuego. Y no solo por los propios diminutivos, sino también por la forma de construir con ellos: otra pista está en qué tipo de palabras escogemos para colocar delante de un diminutivo. Aunque “despacito” se diga (y se cante) a ambos lados del Atlántico, en el español americano se ponen diminutivos en muchos más adverbios que en el español de Europa, desde el famoso “ahorita” hasta “despuesito”. Y una tercera pista está en cómo juntamos a la palabra con el diminutivo, si directamente o no. Estas terminaciones se pueden añadir directamente a la palabra a la que complementan (mesita) o utilizar una especie de puente de enlace entre la palabra y el diminutivo, por ejemplo, ponerle al pie un enlace (técnicamente se llama interfijo) y decir “pie-cec-ito”. Pues bien, es común que el español de España emplee más esos enlaces que el americano. Los viejecitos de España son viejitos en América y las fiestitas de México son fiestecitas en España. (…) ¿Para qué usamos estos diminutivos? Se supone que para achicar o aminorar una realidad: una escuelita es más pequeña que una escuela, y su puertecita será más chica que una mera puerta; también pueden intensificar: estar solito esconde más soledad y tristeza que meramente estar solo. Pero lo cierto es que junto con esa interpretación de tamaño o intensidad habitan muchas otras que van desde la atenuación más bienintencionada y pía al escarnio más vil.
Y todo, como casi siempre en las lenguas, depende del contexto. Contestar a la pregunta de un turista diciendo que algo está “lejillos” no acerca el lugar por el que te preguntan (que está donde el diablo perdió el poncho), pero te aproxima empáticamente al visitante; afirmar que tu pareja tras las navidades se ha puesto gordito, y no gordo, no es tampoco cuestión de volumetría, sino de atenuación: él ha comido los mismos kilos de mantecados con o sin diminutivo.  Esto tiene también un reverso oscuro, y es el del diminutivo que insulta o veja: es ningunear a nuestra jefa llamarla jefecilla y no tienes mucha fe en nuestro éxito en Eurovisión si dices que España concursa con una cancioncilla. Los diminutivos, en fin, no siempre hablan de magnitudes, y muy frecuentemente ponerle una de estas terminaciones a una palabra no la empequeñece en tamaño sino en relevancia.
  Un carro se pone al paso de don Quijote; quien lo conduce pide al héroe que se aparte del camino y avisa al de la Mancha de que porta en el carro dos bravos leones enjaulados, voraces por no haber comido. ¡Mejor apartarse que provocar a los animales! Responde don Quijote: “¿Leoncitos a mí? ¿A mí leoncitos, y a tales horas?”. El leoncito da la pista definitiva de cómo es el más simbólico y machadiano de los españolitos: inconsciente, valentón y agudísimo al hablar. No, por supuesto que no: manejar los diminutivos no es cosa chica.




PALABRAS

 Vamos a ver un vídeo de BBC MUNDO en el que podremos comprobar la variedad y la riqueza del español. 

MOTIVOS PARA ENAMORARSE DE TODOS LOS ACENTOS DEL ESPAÑOL EN UN MINUTO

 Lee este artículo de Emilio Sánchez Hidalgo sobre el cómico canario Aarón Gómez, publicado en El País. Completa los huecos con las palabras o fragmentos del discurso que tienes en los cuadros.



“Motivos para enamorarse de todos los acentos del español en un minuto” de Emilio Sánchez Hidalgo.
Aarón Gómez no sabe si es mejor el acento andaluz, el argentino, el gallego, el venezolano o el madrileño. Sí tiene algo muy claro: "El castellano es un idioma maravilloso gracias a todos ellos", dice a Verne por teléfono. Este cómico canario ha pronunciado un discurso en defensa de la riqueza del castellano que ha captado la atención de las redes sociales, con más de 3.000 retuits en dos días desde el viernes 4 de agosto. Mirando a cámara, reivindica la belleza de todas las formas de hablar español que hay en el mundo en El castellano correcto. Esta es la transcripción del vídeo de un minuto de duración que abre este artículo.

un sello auténtico// y quien construirá velas// dejando de lado// un simple objeto// seseamos// base// adaptarse// habrá a quien le parezca

 Si crees que yo hablo mal por mi condición de canario es que piensas que tú hablas bien por tu condición de lo que sea. Es decir, que partes de la _______ de que tu castellano es el correcto, el mío no, __________un montón de matices importantes, como que nuestra lengua no es más que la derivación de otra y, como en todo, el dibujo de sus formas ha mutado en cada rincón donde esta se habla para ______a la forma de ser, a las necesidades de comunicación, a su arte, a su gracia.

 Dialectos, acentos, expresiones... Todas válidas, todas preciosas, personales, que dan forma a los distintos pueblos y les ponen__________. No se habla mejor español en un lugar u otro, no existe un mejor español, es una cuestión de gustos. ___________gracioso el andaluz y seco el madrileño, ininteligible el colombiano y meloso el argentino, y hay quien creerá que las cosas se dicen como le dijo su madre que se decían, llegando a la discusión incluso sobre si es tenis, playera, bamba, botín o zapatilla… y dejando muy aparte lo hermoso que es tener varias palabras para definir___________.

 Aquí ____________porque estamos mezclados, adoptamos anglicismos, portuguesismos, españolismos, le echamos un poquito de las palabras que se inventan nuestras madres y construimos un lenguaje vivo, porque vivas están las palabras. Si sopla el viento en nuestro idioma hay quien querrá protegerlo con un muro, ____________para aprovechar ese viento y moverse en el precioso y apasionante mar de la comunicación entre humanos.



acomplejados// enriquecedora// algo de lo que presumir// se ha difundido// como si pensáramos// le es propia e imitan


 Gómez es un cómico de 36 años de Santa Cruz de Tenerife. "Muchos canarios están muy ________por su acento. En televisión, por ejemplo, algunos intentan rebajarlo. Y me parece fatal. Todos debemos estar orgullosos de las particularidades de nuestra forma de hablar", comenta. Su vídeo también __________en Facebook, donde acumula más de 1.000 compartidos desde que lo publicó el 3 de agosto.
 El cómico canario lamenta que muchos andaluces, como los habitantes de otras regiones, también rebajen su acento en determinadas situaciones. Es el andaluz neutro, "un error tan grande como el canario neutro", considera Gómez. "Es __________que nuestra forma de hablar es inferior a la de otras partes de España", añade.
 Su opinión coindice con la de los expertos en lingüística. "Los actores de cine, los locutores de radio, los presentadores de televisión... Todos estos profesionales dejan a un lado su manera de hablar que _____________la inherente a los madrileños o burgaleses. Eso da cuenta de cómo, en el campo simbólico mediático, se manifiesta explícitamente esa ideología imperial de inferiorización de los otros a partir de un punto cero. Sus capitales lingüísticos están desvalorizados", apunta en EL PAÍS el investigador de Sociolingüística Crítica en la Universidad de Huelva, Igor Rodríguez-Iglesias.

"Tenemos que reivindicar todos los castellanos"
 El vídeo de Gómez se justifica en esa sensación de inferioridad que afecta a muchos hispanohablantes. "Estoy rodando una serie en Sevilla y paso la mitad del tiempo allí. Me encuentro los mismos complejos que en Canarias". Gómez cree que la variedad de acentos del español es "___________. Tenemos que reivindicar todos los castellanos".

EL GRAN NEGOCIO DE HABLAR ESPAÑOL de Jesús Ruiz Mantilla.

 La lengua común multiplica por cuatro los flujos comerciales entre dos países




 Una de las grandes obras emprendidas para tomar la temperatura del español en el mundo acaba de culminar. Han sido 14 tomos los que la conforman bajo el título Valor Económico del Español y el lunes será presentado en un acto con la asistencia de los Reyes en la Fundación Telefónica, encargada de financiarlo, y el premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa. En el último tomo, a modo de conclusión con los anteriores, se comprueba la rentabilidad y expansión multiplicadora de un idioma común. "El flujo comercial entre los países hispanohablantes aumenta cuatro veces con respecto a otros y siete en el caso de las inversiones directas", comenta José Luis García Delgado, catedrático de Economía Aplicada de la Complutense, e impulsor de la investigación.

  Ha sido un trabajo coordinado por él y otros dos expertos economistas como José Antonio Alonso y Juan Carlos Jiménez. Cuando comenzó, en 2005, creyeron que daba para un tomo. “Estábamos equivocados, teníamos ante nosotros una mina por analizar”, asegura García Delgado. Al final, ha contado con la colaboración de 40 investigadores, que han desmenuzado cada aspecto relacionado hasta convertir la investigación en un trabajo de referencia global. Con sus alegrías y sus amarguras. "Se aprecia mucho más fuera de España que dentro", afirma el coordinador de los trabajos.

 Entre los datos más significativos de la última entrega destaca la de los intercambios entre países hispanohablantes. Pero también otras diferencias cualitativas que afectan a salarios: “Un inmigrante iberoamericano puede llegar a ganar en España un 30% más que otro proveniente de diferentes zonas”, agrega García Delgado.


 La lengua ha multiplicado por tres el factor de atracción para quienes deciden buscar trabajo en España, un fenómeno que ha quedado de manifiesto, sobre todo, entre 1995 y 2005, cuando se produjo el mayor trasvase de personas desde el otro lado del Atlántico. Otros factores, como el educativo, también resultan determinantes en el ámbito europeo: España es el primer país de destino para los universitarios con beca Erasmus de los 32 países que integran el programa, con un 17% del total. Pero quedan retos. Junto a la comunicación científica está la necesidad de aumentar las cualidades del mismo en países como Estados Unidos. “En las grandes ciudades se domina y está continuamente presente a pie de calle, pero no es un idioma que se hable por igual en los despachos de las empresas”, asegura García Delgado. Esta preocupación, dotar al español de un estatus cualitativo equivalente al cuantitativo, estuvo en el ánimo del Instituto Cervantes para abrir el Observatorio del Español en la Universidad de Harvard. Fue una de las iniciativas más importantes de la etapa que lo dirigió Víctor García de la Concha.

Más influencia



 Se constata que el peso del número de los hispanohablantes no se correspondía con la influencia en las altas esferas que un idioma tan mayoritario. "Actualmente son 50 millones de habitantes los que hablan castellano en Estados Unidos. Más que en España. Pero ese aumento demográfico se va a frenar, lo mismo que en esta etapa parece que puede ocurrir con el flujo migratorio, por eso resulta fundamental consolidarlo", comenta García Delgado.

 El estudio recogía en anteriores volúmenes que los hispanohablantes se encuentran en una fase crucial de expansión del idioma. “El avance del proceso de globalización económica y el incesante despliegue de la sociedad del conocimiento revalorizan, en nuestro tiempo, las lenguas de comunicación internacional, imponiendo a la vez desafíos a todas ellas en virtud de la homogeneización cultural que corre en paralelo”, puede leerse en el tomo 12. “En el caso del español, una lengua marcada desde su mismo origen por una vocación integradora y de apertura, se asiste hoy a una nueva fase de su largo proceso de internacionalización, acaso el cuarto peldaño en la trayectoria expansiva de una lengua milenaria, por nombrarla como lo hace Emilio Alarcos”.
Las empresas punteras en las que el idioma ha resultado un valor fundamental, según el estudio, pertenecen a ámbitos muy variados. “La primera es la industria editorial. Pero también, en el caso de las españolas, predominan las de energías renovables, infraestructuras o farmacia y agroalimentarias. En el caso de construcción de autopistas, no sólo se circunscriben a realizar las obras, también a su gestión posterior. Ahí, el dominio del idioma es básico”, cuenta el profesor García Delgado.

Segundo idioma



 Los elementos de medición que han permitido al estudio verificar la fuerza e influencia del idioma han sido determinantes. “Para calcular los factores que llevan a cabo la decisión de invertir en una zona u otra, se manejan elementos como la distancia, los precios, la competitividad. Al preguntar por el idioma, los indicadores aumentaban de manera determinante. A la hora de invertir, un elemento como la lengua común puede aumentar las posibilidades siete veces más. No sólo en las grandes empresas, preparadas para introducirse en cualquier tipo de mercado. Sobre todo en las medianas”, añade.

 Cuando el lunes sea presentado el informe habrá llegado la hora también de recapitular. En cifras, el español es la segunda lengua más hablada del mundo por el número de personas que la tienen como materna: lo hablan como primera o segunda lengua 450 millones. Superan los 550 si añadimos a aquellos que la emplean como lengua extranjera. La capacidad de compra de los hispanohablantes representa el 9% del PIB mundial y el español genera el 16% de valor económico del PIB y del empleo en España. Entre estas destaca el llamado Factor ñ, es decir, las compañías que utilizan su creación de contenidos en español entre las industrias culturales: suponen un 2,9 % del producto interior bruto de la economía española.