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"MIS TRES GATOS"


  Lee este texto y elige la opción correcta. Este signo - - significa que no es necesario añadir nada.

 Tengo tres gatos con __1__ convivo en un pequeña planta baja a las afueras de la ciudad.  Si hace unos años alguien me __2__ que yo iba a cuidar de tres gatos,  le habría dicho que estaba loco.  Sin embargo, la vida da muchas vueltas y no deja __3__ sorprenderte.

1. a) los que b) quien c)cuyos
2. a) hubiera dicho b) habría dicho c) dijese
3. a) a    b) por      c) de

 A dos de ellos ___4__ encontré sin yo buscarlos en diferentes épocas de mi vida. El primero, Lucas, __5__ cuando murió mi perro. El pobre gatito  __6__ desnutrido, lleno de pulgas y no dejaba __7__ maullar.  Hasta ese momento nunca me __8__la atención los gatos. Pero cuando vi aquella criatura tan fea, tan desamparada, no pude resistirme y __9__llevé a casa.  

4. a) los b)- -
5. a) aparecía b) apareció
6. a) estaba b) era c) estuvo d) fue
7. a) a b) por c) de
8. a) llamaban b) habían llamado
9. a) me la b) me c)- -

 __10__ primero que hice fue embadurnar__11__ con un espray antiparásitos y llevármelo al veterinario. Como era tan pequeño, lo metí en una bolsa de playa. Recuerdo __12__ el pobre __13__ tan asustado que ni se atrevía a asomar el hocico. Pobre. Siempre pensé que __14__ había enviado mi perro para que __15__ superar la tristeza que me causó su temprana muerte.

10.  a) En b) Lo
11.  a) se b) lo c) me lo
12. a) de que b) que c)- -
13.  a) estaba b) era
14. a) me lo b) me c) - -
15. a) pueda b) pudiera c) había podido d) pude

 El segundo es de  Rafael, un amigo que __16__ muy listo y siempre __17__ listo __18__ emprender nuevas aventuras empresariales en nuevos países. ___19__ da igual el riesgo. Aunque __20_ perder dinero, si a él le atrae el proyecto, se tira de cabeza. Hace años  ganó un montón de dinero, pero decidió invertirlo todo en ___21__ proyecto que no salió bien y lo perdió todo. Si yo hubiera estado en su lugar, no __22__ cómo salir adelante. Pero él sí. Puede que __23___ la persona que más se arriesga, pero es cierto que es muy inteligente y sabe lo que tiene que hacer para levantarse de nuevo. Ahora está en una isla, donde ha invertido en unos viñedos y es probable que esta vez sí ___24___. El otro día me envió un enlace __25__ que un periódico destacaba que sus viñedos __26__ premiados el mes pasado por su calidad y su compromiso medioambiental. Me alegré por él. Espero que __27____, pero me gustaría que me __28__ al gato. Le he cogido cariño. 

16. a) es b) está
17.  a) es b) está
18. a) por b) para
19.  a) Lo b) Le
20. a) puede b) pueda
21. a) el b)- - c) un
22. a) habría sabido b) supiera
23. a) es b) sea
24. a) ha acertado b) haya acertado
25. a) lo  b) -  - c) donde d) en el
26. a) se fueron b) estaban c) habían sido
27. a) vuelve b) vuelva
28. a) deja b) deje c) dejase d) dejaba

  El tercero se llama Bonito. Apareció un buen día en mi terraza el día ___29___ se anunció que por fin _30__ restauraba  un pequeño palacete  que ____31_____ estaba cayendo a pedazos y ___32____ iba a transformar en un centro cultural. El gato cojeaba y me miraba maullando con sus grandes ojos. Lo operamos.  Mi novio, a ___33__ siempre le han gustado los animales,  me propuso que nos lo quedáramos. Yo no lo tenía tan claro. “Se opera y lo damos en adopción”. Pero al final, aquí está, de ahí que mi veterinario  ___34__ me ve pisar la clínica me ___35___ si le traigo uno nuevo. Pero yo creo que tres está más que bien. 

29. a) el que  b) lo que c) en el que
30. 31. 32. a) era b) se d) lo
33. a) que b) quien
34. a) tras b) al c) enseguida d) en cuanto
35. a) suelta b) ha soltado c) suelte





SOLUCIONES:
1 A, 2 A, 3 C, 4 A, 5 B, 6 A, 7 C, 8 B, 9 A, 10 B,
11 B, 12 B, 13 A, 14 A, 15 B, 16 A, 17 B, 18 B, 19 B, 20 B,
21 C, 22 A, 23 B, 24 B, 25 D, 26 C, 27 B, 28 C, 29 C,
30/31/32 B,  33 B, 34 D, 35 C




LOS DIMINUTIVOS


Completa este artículo de El País sobre el diminutivo con las palabras que hemos extraído y que tienes antes de cada fragmento.


           “UNA COSITA QUE REVELA TU ORIGEN"                   de Lola Pons Rodríguez


  • SÍ, AL, A, EL QUE, A TRAVÉS DE, DONDE (x2),  LA, EL, DE

 Más allá de que tu carné de identidad muestre el lugar de _________ vienes y el sitio ________vives, tu forma de hablar puede revelar muchos datos ________tu procedencia, y no solo __________la forma de pronunciar o la entonación: hay otros indicios que pueden descubrirte como oriundo de una zona concreta de la superficie hispanohablante. Una pista inequívoca ________ofrecen los diminutivos, esas cositas  que se añaden ________ las palabras para cambiar significados y añadir connotaciones. Hay muchos disponibles en español: ________más común es –ito/–ita (casita, llavecita), también ________ menos muestra de dónde eres; pero con él conviven muchos otros que _______son claros signos de pertenencia ________habla de una zona específica.


  •  TENGAS, COMO, A,  ESTARÍAS, LOS,  HASTA, LA, TE, LO, SEAS

 La primera pista ________ da la mera elección de qué sufijo utilizamos: con una frase como “el niñuco de Carmen va a nacer en febrero” ________estás mostrando como proveniente de Cantabria, más conocida ________“La Tierruca”. Si dices que “el muchachino de Carmen se llamará Mateo”, entonces, querido lector, eres occidental, como________ es el sufijo –ín(o)/-ina: asturiano, leonés, extremeño o de la preciosa sierra de Huelva. Si le mandas “besiños” al bebé recién nacido, probablemente ________de Galicia y ________este diminutivo por influencia de tu lengua gallega. Si dijeras que es un crío “muy bonico”, ________revelándote como usuario del diminutivo en –ico que usan los hablantes de las áreas andina, caribeña y centroamericana o, en el español de España, ________ de la zona este (Aragón, La Mancha, zona oriental andaluza, si eres de Murcia incluso con -iquio...). Si afirmas que es un “chiquillo” muy guapo y que sale ________su madre, estás empleando el sufijo –illo, el más general en el español ________el siglo XVIII pero que hoy solo conserva cierta vitalidad en el español de Andalucía.


  • LA QUE, AUNQUE, QUÉ, SE (x2), SINO TAMBIÉN, PARA, QUE, CÓMO, ENTRE

 Sí: por el humo de los diminutivos ________sabe de dónde es el fuego. Y no solo por los propios diminutivos, ____________por la forma de construir con ellos: otra pista está  en ________ tipo de palabras escogemos ________colocar delante de un diminutivo. ________“despacito” se diga (y se cante) a ambos lados del Atlántico, en el español americano ________ponen diminutivos en muchos más adverbios ________en el español de Europa, desde el famoso “ahorita” hasta “despuesito”. Y una tercera pista está en ________juntamos a la palabra con el diminutivo, si directamente o no. Estas terminaciones se pueden añadir directamente a la palabra a ________complementan (mesita) o utilizar una especie de puente de enlace ________la palabra y el diminutivo, por ejemplo, ponerle al pie un enlace (técnicamente se llama interfijo) y decir “pie-cec-ito”. Pues bien, es común que el español de España emplee más esos enlaces que el americano. Los viejecitos de España son viejitos en América y las fiestitas de México son fiestecitas en España. (…)


  • DESDE, ESCONDE, ESCARNIO, AMINORAR, CHICA, HABITAN

 ¿Para qué usamos estos diminutivos? Se supone que para achicar o _______una realidad: una escuelita es más pequeña que una escuela, y su puertecita será más ________ que una mera puerta; también pueden intensificar: estar solito ________más soledad y tristeza que meramente estar solo. Pero lo cierto es que junto con esa interpretación de tamaño o intensidad ________muchas otras que van________ la atenuación más bienintencionada y pía al ________más vil.


  • EMPÁTICAMENTE, DEPENDE DEL, SE, ALGO, EL QUE, SIN, SINO

 Y todo, como casi siempre en las lenguas, ____________contexto. Contestar a la pregunta de un turista diciendo que ________está “lejillos” no acerca el lugar por _______te preguntan (que está donde el diablo perdió el poncho), pero te aproxima ________al visitante; afirmar que tu pareja tras las navidades ________ha puesto gordito, y no gordo, no es tampoco cuestión de volumetría, ________de atenuación: él ha comido los mismos kilos de mantecados con o ________diminutivo.


  • SINO, EN FIN, NINGUNEAR, CON, LA,  LE

Esto tiene también un reverso oscuro, y es el del diminutivo que insulta o veja: es ________a nuestra jefa llamarla jefecilla y no tienes mucha fe en nuestro éxito en Eurovisión si dices que España concursa ________ una cancioncilla. Los diminutivos, ________, no siempre hablan de magnitudes, y muy frecuentemente poner________ una de estas terminaciones a una palabra no ________empequeñece en tamaño ________en relevancia.


  • A (x2), DE, QUIEN, SE, POR, CÓMO

 Un carro se pone al paso de don Quijote; ________lo conduce pide al héroe que ________aparte del camino y avisa al ________la Mancha de que porta en el carro dos bravos leones enjaulados, voraces ________no haber comido. ¡Mejor apartarse que provocar a los animales! Responde don Quijote: “¿Leoncitos ________mí? ¿________mí leoncitos, y a tales horas?”. El leoncito da la pista definitiva de __________es el más simbólico y machadiano de los españolitos: inconsciente, valentón y agudísimo al hablar. No, por supuesto que no: manejar los diminutivos no es cosa chica.


¡Es solo una ilustración, no un mapa exhaustivo!
FUENTE DEL ARTÍCULO (adaptado) Y LA IMAGEN: https://verne.elpais.com/verne/2018/01/30/articulo/1517326334_976812.html
SOLUCIONES

 Más allá de que tu carné de identidad muestre el lugar de donde vienes y el sitio donde vives, tu forma de hablar puede revelar muchos datos de tu procedencia, y no solo a través de la forma de pronunciar o la entonación: hay otros indicios que pueden descubrirte como oriundo de una zona concreta de la superficie hispanohablante. Una pista inequívoca la ofrecen los diminutivos, esas cositas que se añaden a las palabras para cambiar significados y añadir connotaciones. Hay muchos disponibles en español: el más común es –ito/–ita (casita, llavecita), también el que menos muestra de dónde eres; pero con él conviven muchos otros que sí son claros signos de pertenencia al habla de una zona específica.
La primera pista la da la mera elección de qué sufijo utilizamos: con una frase como “el niñuco de Carmen va a nacer en febrero” te estás mostrando como proveniente de Cantabria, más conocida como “La Tierruca”. Si dices que “el muchachino de Carmen se llamará Mateo”, entonces, querido lector, eres occidental, como lo es el sufijo –ín(o)/-ina: asturiano, leonés, extremeño o de la preciosa sierra de Huelva. Si le mandas “besiños” al bebé recién nacido, probablemente seas de Galicia y tengas este diminutivo por influencia de tu lengua gallega. Si dijeras que es un crío “muy bonico”, estarías revelándote como usuario del diminutivo en –ico que usan los hablantes de las áreas andina, caribeña y centroamericana o, en el español de España, los de la zona este (Aragón, La Mancha, zona oriental andaluza, si eres de Murcia incluso con -iquio...). Si afirmas que es un “chiquillo” muy guapo y que sale a su madre, estás empleando el sufijo –illo, el más general en el español hasta el siglo XVIII pero que hoy solo conserva cierta vitalidad en el español de Andalucía.
Sí: por el humo de los diminutivos se sabe de dónde es el fuego. Y no solo por los propios diminutivos, sino también por la forma de construir con ellos: otra pista está en qué tipo de palabras escogemos para colocar delante de un diminutivo. Aunque “despacito” se diga (y se cante) a ambos lados del Atlántico, en el español americano se ponen diminutivos en muchos más adverbios que en el español de Europa, desde el famoso “ahorita” hasta “despuesito”. Y una tercera pista está en cómo juntamos a la palabra con el diminutivo, si directamente o no. Estas terminaciones se pueden añadir directamente a la palabra a la que complementan (mesita) o utilizar una especie de puente de enlace entre la palabra y el diminutivo, por ejemplo, ponerle al pie un enlace (técnicamente se llama interfijo) y decir “pie-cec-ito”. Pues bien, es común que el español de España emplee más esos enlaces que el americano. Los viejecitos de España son viejitos en América y las fiestitas de México son fiestecitas en España. (…) ¿Para qué usamos estos diminutivos? Se supone que para achicar o aminorar una realidad: una escuelita es más pequeña que una escuela, y su puertecita será más chica que una mera puerta; también pueden intensificar: estar solito esconde más soledad y tristeza que meramente estar solo. Pero lo cierto es que junto con esa interpretación de tamaño o intensidad habitan muchas otras que van desde la atenuación más bienintencionada y pía al escarnio más vil.
Y todo, como casi siempre en las lenguas, depende del contexto. Contestar a la pregunta de un turista diciendo que algo está “lejillos” no acerca el lugar por el que te preguntan (que está donde el diablo perdió el poncho), pero te aproxima empáticamente al visitante; afirmar que tu pareja tras las navidades se ha puesto gordito, y no gordo, no es tampoco cuestión de volumetría, sino de atenuación: él ha comido los mismos kilos de mantecados con o sin diminutivo.  Esto tiene también un reverso oscuro, y es el del diminutivo que insulta o veja: es ningunear a nuestra jefa llamarla jefecilla y no tienes mucha fe en nuestro éxito en Eurovisión si dices que España concursa con una cancioncilla. Los diminutivos, en fin, no siempre hablan de magnitudes, y muy frecuentemente ponerle una de estas terminaciones a una palabra no la empequeñece en tamaño sino en relevancia.
  Un carro se pone al paso de don Quijote; quien lo conduce pide al héroe que se aparte del camino y avisa al de la Mancha de que porta en el carro dos bravos leones enjaulados, voraces por no haber comido. ¡Mejor apartarse que provocar a los animales! Responde don Quijote: “¿Leoncitos a mí? ¿A mí leoncitos, y a tales horas?”. El leoncito da la pista definitiva de cómo es el más simbólico y machadiano de los españolitos: inconsciente, valentón y agudísimo al hablar. No, por supuesto que no: manejar los diminutivos no es cosa chica.




Más allá de que tu carné de identidad muestre el lugar de donde vienes y el sitio donde vives, tu forma de hablar puede revelar muchos datos de tu procedencia, y no solo a través de la forma de pronunciar o la entonación: hay otros indicios que pueden descubrirte como oriundo de una zona concreta de la superficie hispanohablante. Una pista inequívoca la ofrecen los diminutivos, esas cositas (en gramática, sufijos) que se añaden a las palabras para cambiar significados y añadir connotaciones. Hay muchos disponibles en español: el más común es –ito/–ita (casita, llavecita), también el que menos marca; pero con él conviven muchos otros que sí son claros signos de pertenencia al habla de una zona específica.
La primera pista la da la mera elección de qué sufijo utilizamos: con una frase como “el niñuco de Carmen va a nacer en febrero” te estás mostrando como proveniente de Cantabria, más conocida como “La Tierruca”. Si dices que “el muchachino de Carmen se llamará Mateo”, entonces, querido lector, eres occidental, como lo es el sufijo –ín(o)/-ina: asturiano, leonés, extremeño o de la preciosa sierra de Huelva. Si le mandas “besiños” al bebé recién nacido, probablemente seas de Galicia y tengas este diminutivo por influencia de tu lengua gallega. Si dices que es un crío “muy bonico”, estarías revelándote como usuario del diminutivo en –ico que usan los hablantes de las áreas andina, caribeña y centroamericana o, en el español de España, los de la zona este (Aragón, La Mancha, zona oriental andaluza, si eres de Murcia incluso con -iquio...). Si afirmas que es un “chiquillo” muy guapo y que sale a su madre, estás empleando el sufijo –illo, el más general en el español hasta el siglo XVIII pero que hoy solo conserva cierta vitalidad en el español de Andalucía.
Sí: por el humo de los diminutivos se sabe de dónde es el fuego. Y no solo por los propios diminutivos, sino también por la forma de construir con ellos: otra pista está en qué tipo de palabras escogemos para colocar delante de un diminutivo. Aunque “despacito” se diga (y se cante) a ambos lados del Atlántico, en el español americano se ponen diminutivos en muchos más adverbios que en el español de Europa, desde el famoso “ahorita” hasta “despuesito”. Y una tercera pista está en cómo juntamos a la palabra con el diminutivo, si directamente o no. Estas terminaciones se pueden añadir directamente a la palabra a la que complementan (mesita) o utilizar una especie de puente de enlace entre la palabra y el diminutivo, por ejemplo, ponerle al pie un enlace (técnicamente se llama interfijo) y decir “pie-cec-ito”. Pues bien, es común que el español de España emplee más esos enlaces que el americano. Los viejecitos de España son viejitos en América y las fiestitas de México son fiestecitas en España. (…) ¿Para qué usamos estos diminutivos? Se supone que para achicar o aminorar una realidad: una escuelita es más pequeña que una escuela, y su puertecita será más chica que una mera puerta; también pueden intensificar: estar solito esconde más soledad y tristeza que meramente estar solo. Pero lo cierto es que junto con esa interpretación de tamaño o intensidad habitan muchas otras que van desde la atenuación más bienintencionada y pía al escarnio más vil.
Y todo, como casi siempre en las lenguas, depende del contexto. Contestar a la pregunta de un turista diciendo que algo está “lejillos” no acerca el lugar por el que te preguntan (que está donde el diablo perdió el poncho), pero te aproxima empáticamente al visitante; afirmar que tu pareja tras las navidades se ha puesto gordito, y no gordo, no es tampoco cuestión de volumetría, sino de atenuación: él ha comido los mismos kilos de mantecados con o sin diminutivo.  Esto tiene también un reverso oscuro, y es el del diminutivo que insulta o veja: es ningunear a nuestra jefa llamarla jefecilla y no tienes mucha fe en nuestro éxito en Eurovisión si dices que España concursa con una cancioncilla. Los diminutivos, en fin, no siempre hablan de magnitudes, y muy frecuentemente ponerle una de estas terminaciones a una palabra no la empequeñece en tamaño sino en relevancia.
  Un carro se pone al paso de don Quijote; quien lo conduce pide al héroe que se aparte del camino y avisa al de la Mancha de que porta en el carro dos bravos leones enjaulados, voraces por no haber comido. ¡Mejor apartarse que provocar a los animales! Responde don Quijote: “¿Leoncitos a mí? ¿A mí leoncitos, y a tales horas?”. El leoncito da la pista definitiva de cómo es el más simbólico y machadiano de los españolitos: inconsciente, valentón y agudísimo al hablar. No, por supuesto que no: manejar los diminutivos no es cosa chica.




LA CONTRIBUCIÓN DE TRES MUJERES EXPLORADORAS DEL SIGLO XIX de Courtney Stephens

 Vamos a ver un vídeo sobre tres mujeres exploradoras en el siglo XIX: Marianne North, Mary Kingsley y Alexandra David- Néel. Antes de verlo, comprueba que conoces el significado de las palabras que tienes a continuación y completa los huecos con las formas verbales correctas en pasado.

 

Vocabulario: quehaceres domésticos, chismorreo, osadía, embarcarse, caballete, burro, pantano, al ras de, inusual, cocodrilo, arrastrar, cosquillas, hipopótamo, espinas, enaguas, osada, ansiar, frontera, disfrazarse, arduo, revelar.

 

Fuente: La contribución de las mujeres exploradoras de Courtney Stephens. TED en español.https://youtu.be/bchBozcZ--8

 

 En 1860 Marianne North ________(CRUZAR) todo un océano para llegar a las Américas, con cartas de presentación, un caballete y amor por las flores. ________ (LLEGAR) a viajar a Jamaica, Perú, Japón, India y Australia. De hecho, _________ (VISITAR) todos los continentes, excepto la Antártida, buscando flores nuevas que pintar. “__________ (ESTAR, YO) impresionada con la cantidad de cosas que ________ (QUERER, YO) pintar”, escribió. 

 (…)

 Las pinturas de Marianne les ________ (DAR, LAS PINTURAS) a los botánicos en Europa una primera muestra de las plantas más inusuales del mundo. (…) Muchas especies que __________ (BAUTIZARSE) con su nombre por ser la primera la persona europea en clasificarlas en la naturaleza. 

(…)

 Mary Kingsley decidió terminar el libro por él. Los colegas de su padre le _________ (ACONSEJAR) no ir, pero igual decidió viajar. ________ (LLEGAR) en 1896 a lo que hoy se conoce como Sierra Leona. ______(VIAJAR) a la selva y__________ (CONFIRMAR) la existencia de lo que en ese entonces se ____________ (CONSIDERAR) una criatura mítica: el gorila. Cuenta que ______ (LUCHAR) con cocodrilos, que ______ (SER) arrastrada por un tornado, que le _______ (HACER) cosquillas con su paraguas a un hipopótamo para que este se apartara de su canoa. Al caer en un pozo lleno de espinas, sus enaguas la _________ (SALVAR) de hacerse daño.  (…)

 

 Pero si se trata de romper las reglas, quizá ninguna viajera ______(SER) tan osada como Alexandra David-Néel. Ella _______(ANSIAR) demostrar sus conocimientos ante otros académicos parisinos contemporáneos que _______ (SER) todos hombres. Decidió que la única forma para que la tomasen en serio _____(SER) visitando la fabulosa ciudad de Lasa en las montañas de El Tíbet. (…) Cuando llegó a la frontera desde La India, le ___________ (PROHIBR, ELLOS) el paso. Así que se disfrazó de hombre tibetano. (…) Cuando llegó a Lasa, fue arrestada. ______ (APRENDER) que mientras el viaje se ______(HACER) más arduo, mejor _______ (SER) la historia y ______(TERMINAR) escribiendo muchos libros sobre la religión tibetana que no solo causaron sensación en París.

 (…)

Sus viajes les revelaron algo que solo ellas podían encontrar: el sentido de su propia existencia.

 

 

SOLUCIONES

 

En 1860 Marianne North cruzó todo un océano para llegar a las Américas, con cartas de presentación, un caballete y amor por las flores. Llegó a viajar a Jamaica, Perú, Japón, India y Australia. De hecho, visitó todos los continentes excepto la Antártida, buscando flores nuevas que pintar. “Estaba impresionada con la cantidad de cosas que quería pintar”, escribió. 


 

Hizo todo esto en la vestimenta típica de la época: vestidos al ras del suelo. Las pinturas de Marianne les dieron  a los botánicos en Europa una primera muestra de las plantas más inusuales del mundo. Muchas especies que se bautizaron con su nombre por ser la primera la persona europea en clasificarlas en la naturaleza. 

 

 

 Mary Kingsley decidió terminar el libro por él. Los colegas de su padre le aconsejaron no ir, pero igual decidió viajar. Llegó en 1896 a lo que hoy se conoce como Sierra Leona. Viajó a la selva y confirmó la existencia de lo que en ese entonces se consideraba una criatura mítica: el gorila. Cuenta que luchó con cocodrilos, que fue arrastrada por un tornado, que le hizo cosquillas con su paraguas a un hipopótamo para que este se apartara de su canoa. Al caer en un pozo lleno de espinas, sus enaguas la salvaron de hacerse daño.

 

Pero si se trata de romper las reglas, quizá ninguna viajera fue tan osada como Alexandra David-Néel. Ella ansiaba demostrar sus conocimientos ante otros académicos parisinos contemporáneos que eran todos hombres. Decidió que la única forma para que la tomasen en serio era visitando la fabulosa ciudad de Lasa en las montañas de El Tíbet. Cuando llegó a la frontera desde La India, le prohibieron el paso. Así que se disfrazó de hombre tibetano. Cuando llegó a Lasa, fue arrestada. Aprendió que mientras el viaje se hacía más arduo, mejor era la historia y terminó escribiendo muchos libros sobre la religión tibetana que no solo causaron sensación en París.

 

Sus viajes les revelaron algo que solo ellas podían encontrar: el sentido de su propia existencia.